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¿Por qué nos complicamos la vida?

RUBÉN SAN

Fuera de valorar si la vida es sencilla o complicada, a la conclusión que llego tras mi experiencia y la de intercambiar opiniones con otras personas es que nos la complicamos en exceso.

Esto que puede parecer una obviedad puede llegar a ser una de nuestras principales fuentes de infelicidad.

Tal y como hablo en mi guía para ser feliz sin fuegos de artificio, hemos de empezar a darle valor a lo ordinario, a lo cotidiano, sin vernos obligados a tener que hacer de super héroes para obtener una vida más completa.

Y es que existen muchas situaciones del día a día que podemos aprender a disfrutar y a agradecer, no son complicadas y encima no cuestan dinero.

Aún así, continuamente nos aferramos a todas aquellas cosas que nos causan infelicidad y somos incapaces de entender el valor de los pequeños gestos, de la actitud diaria frente cualquier cosa o de hacer algo simple en lugar de esperar que suceda lo complicado.

En contra de lo que muchos dicen, ese hacer cosas no significa que tengas que ponerte la capa de super man/woman y aplicarte la frase de turno de: sal de tu zona de confort, sino que aprendas que las personas felices no son aquellas que hacen o tienen más cosas, sino aquellas que con lo poco o mucho que hagan o tengan viven en paz y agradecidas con la vida y con lo que les rodea.

Hemos convertido la palabra simple en algo de poco valor, pensando que lo complicado siempre será la solución que nos reportará mayor beneficio.

Hacer algo simple no tiene por qué significar fácil de ejecutar, pero sí supone algo sencillo de identificar y eso es precisamente lo que hoy en día se está perdiendo, esa facilidad para identificar las cosas simples, precisamente porque nos hemos encargado de devaluar todo aquello que no suponga un tremendo esfuerzo y es aquí donde fallamos estrepitosamente.

¿Te has preguntado alguna vez que necesidad tenemos de escondernos ante según que situaciones? Te pongo algún ejemplo.

Ejemplo 1: Ir a una entrevista de trabajo y mentir en tu currículum o atribuirte conocimientos y habilidades que en realidad no posees.

Ejemplo 2: Conocer a una persona que te gusta y pretender aparentar una serie de cosas para causar una impresión.

Ejemplo 3: Opinar lo «correcto» en una conversación grupal para sentirte aceptado.

Estos son algunos de los muchos ejemplos que podemos vivir en nuestro día a día y que precísamente hace que nos estemos complicando la vida aunque pensemos lo contrario.

Son cosas sencillas y cotidianas que no deberían condicionar nuestra manera de mostrarnos a lo demás, sin embargo alguien nos dijo que actuar o ser de esta forma nos iba a traer resultados, lo que no nos dijo es qué tipo de resultados, y a la vista está que no muy buenos cuando esto se ha convertido en un a ver quien complica más las cosas para que parezca lo que no es.

Esta necesidad de complicarnos la vida me lleva a una última reflexión con la que llevo conviviendo años y es al hecho de que aprender a ser feliz con lo sencillo y ordinario se empieza primero sanando la percepción que tengas sobre ti mismo.

Esto no se trata únicamente de mandarte inputs positivos y motivadores sino de ser honesto, conocerte y no engañarte.

Y es que solemos saboteranos con asiduidad, por ejemplo en mi caso el Rubén del lado «izquierdo» es racional, le gusta la buena conversación, disfruta conociendo y compartiendo sueños y vivencias con las personas. Le apasiona buscar la forma de encontrar lo práctico de las cosas y se pone serio contando las cosas que son importantes para él o para la gente a la que aprecia.

Sin embargo el Rubén del lado «derecho» es totalmente lo opuesto. El que disfruta siendo un niño, eludiendo responsabilidades, el irracional, el niño feliz que no se plantea nada y experimenta a su alrededor.

Es ese Rubén payaso, alegre y bromista, el que coge un micrófono y se pone a cantar la bamba o el despacito encima de un escenario (*ver video), aquel que se baña en pelotas en el mar, el que se pone a trepar por la Fontana de Trevi, el Mowgli que se sube a los árboles, o aquel que baila con la pajita en la oreja en modo Chayanne.

Definitivamente, al que le importa tres pepinos lo que la gente opine y ese que disfruta siendo una auténtica cabra loca.

Y bien, si esas 2 mitades están presentes en mí, ¿por qué me tiene que preocupar tanto qué Rubén se esté mostrando si en definitiva se trata del mismo? ¿Por qué me complico la vida?

Eso es lo que soy y esa es mi forma de disfrutar lo que soy.

Al final si estás dejando salir lo mejor de ti, que más da si tienes 1 o 10 maneras de expresarte, si con todas te sientes identificado y disfrutas sin hacer daño a los demás.

No sé si recordarás el post en el que te contaba cómo por el simple hecho de creer en aquellos que se estaban ganando la vida con sus proyectos emprendedores, con su tácticas más efectivas, con sus estrategias de marketing y maneras de venderse, me encontré nuevamente renunciando a una de mis 2 mitades (a la irracional) en esta importante etapa de emprendimiento.

Creo que es otro claro ejemplo sabotaje y de complicarse la vida, en definitiva.

Estaba empezando a dar a conocer mi proyecto desde un punto de vista y una personalidad totalmente racional y empresarial, cuando eso me estaba llevando a ser alguien con el que no me sentía plenamente identificado.

Por eso decidí reestructurar mis ideas y mi forma de mostrarlo al mundo. Seguí aplicando la razón pero dejé que mi intuición y mi otra mitad hicieran el resto. Esa era la única manera de poder empezar a construir algo de lo que verdaderamente me sintiera identificado para ganarme la vida con ello.

Por eso te animo a que te descubras, a que busques dentro de ti todo aquello que te identifica como ser humano, lo bueno, lo mejorable y lo malo.

Y una vez seas capaz de identificarlo y de sanar la percepción que tengas sobre ti mismo, vas a ver como tiendes a complicarte menos la vida y en definitiva conseguir hacer de todo lo simple una importante fuente de felicidad.

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SOBRE EL AUTOR DEL POST

SOBRE EL AUTOR DEL POST

Rubén San

Me despidieron del trabajo por no ser como ellos y aquel día empezó mi verdadera revolución.

Han pasado unos años y unas cuantas "horas de vuelo" desde entonces.

Hoy me considero un hombre libre, empezando a ser mi propio jefe, dueño del 100% de mi tiempo y de mi vida ¡y eso si que NO tiene precio! 

Puedes conocer más de mi historia aquí y descargar de forma gratuita mi guía:

"PENSAMIENTO EXTRAORDINARIO"

Una guía sin adornos y directa al grano para que aprendas a ser feliz sin fuegos de artificio.

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2 Comentarios

  1. Ana

    Pues sí querido Rubén, hazle caso a tu mitad, alegre y payasa, que lo de «despacito» es una señal 😜❤️

    Responder
    • Rubén San

      Gracias Ana por tu comentario. Aquí seguimos aprendiendo de la vida, seguro que eso no desaparece, no te preocupes. Des-pa-cito ninoninoninoninohaybendito… 🙂

      Responder

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